El principito - Antoine de Saint-Exupéry

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Opinión:


A estas alturas del camino no creo que haya un solo adulto que no conozca, por lo menos de oída, la obra de Antoine de Saint-Exupéry, El principito; sería imperdonable que existiera alguien en edad adulta que no haya disfrutado de tal clásico, aunque no dudo que exista alguno que otro despistado que lleva la suerte de poder encontrarse por primera vez con esta belleza literaria.



El libro es corto, demasiado corto, pero grande, gigante en contenido; trae consigo ilustraciones que muestran el universo del principito a través de sus capítulos, verdaderas ensoñaciones inverosímiles que recrean un mundo fantástico y bello. 



Tal vez sean ellas, las imágenes, o el mismo nombre de la obra; que ha puesto a esta maravilla como literatura infantil, cuando se hace obvio al ojo del buen lector que no es más que una diatriba al ser adulto y al olvido de la niñez, y no una obra de carácter infantilezco, pues su trasfondo es mucho más abstracto, metafórico e inferencial tanto que un niño común y corriente sólo extraería lo superfluo, no es gratuito que Saint-Exupéry pida disculpas de antemano en la presentación del libro a todos los niños que pudieran atreverse (en el buen sentido) a leer tan hermosa obra, y es que la dedicatoria es explícita al decir que el texto va dirigido a una persona grande que tenga la capacidad de comprenderlo. Sin embargo, se hace caso omiso a tan directa advertencia, que al menos a mí me parece bien que se pase por alto, y es que aunque al leerse "El principito" siendo niños no se comprenda gran cantidad de su mensaje, no menos es cierto que se puede disfrutar de su lectura.

Ahora bien ¿Qué es lo que "El principito" tiene y que tanto gusta? Diría que es su sencilla forma de criticar la casi absurda visión de mundo que tiene el adulto, vista desde los inocentes ojos de un niño. ¿Cómo no deleitarse con el dibujo del elefante tragado por una boa que a los ojos de la gente grande se muestra como un sombrero? 

Si señores, los adultos nos olvidamos de nuestra niñez y de las cosas sencillas de la vida que representan pequeñas alegrías, seres que nos dejamos llevar por el devenir de la civilización que nos moderniza y nos transforma llevándose esa inocencia tan lúcida que se desdeña tanto, se nos escapa para siempre la sabiduría infantil sin apariencias ni hipocresías.

Los asteroides visitados por el principito representan claramente el torbellino en que cae el adulto, ese que se traga la niñez y que se devora la inocencia para vomitar un ser que ama el dinero, el trabajo y la lucha constante por una superación vana y superflua que se lleva las cosas importantes de la vida. El hombre adulto se aísla y vive sus días grises pensando que logra importancia con su esfuerzo triste.



El principito tiene entonces ese papel de conciencia, que hace ver la estupidez del adulto frente a la realidad, convertido en un ser vacío sin alegría. También se presenta el valor de la amistad, la creación de vínculos que no se pueden romper, tal como ven los niños a sus amigos, entre ellos son como son y no hay verdaderas traiciones; muy distinto al mundo adulto lleno de recelos y envidias. Es valiosa la charla que tiene el principito con el zorro, quien le dice que la amistad es ser único el uno para el otro, es este valor que bien podría darle un sentido a la existencia donde cada quien es mucho más importante el uno para el otro que el resto de seres. "No era más que un zorro semejante a cien mil otros. Pero yo le hice mi amigo y ahora es único en el mundo".

Nadie debería pasar por alto la lectura de tan bella obra, sería un crimen morir y no haberla leído, toda ella es fantástica, y recuerden que "Lo esencial es invisible a los ojos".

                                                                




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