“EL MATADERO” VISIÓN ROMÁNTICO SOCIAL

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La obra de Esteban Echeverría, “El Matadero”, se presenta como una creación romántica que pretende hacer una crítica a la sociedad argentina, gobernada bajo la dictadura de Rosas. A través de la historia que narra Echeverría, se pueden notar distintas características que establecen una visión, más que realista, romántica del mundo que allí se plasma, las palabras son muy descriptivas y recrean la percepción de mundo del autor, que pretende evidenciar cómo es la vida en un lugar de la Argentina subyugada por el autoritarismo de su máximo gobernante.

Al inicio de El Matadero, se logra captar casi de inmediato la situación que se vivencia en aquel lugar, y es que la descripción es profunda y a la vez sencilla, trasportando al lector a un mundo que se ve asediado por la naturaleza, un lugar que se inunda dejando a sus habitantes sumergidos en una pequeña tragedia.
“Sucedió, pues, en aquel tiempo, una lluvia muy copiosa. Los caminos se anegaron; los
pantanos se pusieron a nado y las calles de entrada y salida a la ciudad rebosaban en acuoso barro”, éste pequeño párrafo sitúa de manera inmediata al lector en un lugar triste, en donde se cierne la desgracia, demostrando que su cosmovisión es romántica, ya que la situación climatológica y topológica propone el sentir de quienes están en aquel lugar, personas igualmente tristes sumergidas en aguas no potables y destructoras, no es entonces gratuito que las personas de ese mundo imaginado por Echeverría se sintieran ante el final de sus existencias, sin salvación alguna, condenados al destino que estipule la naturaleza.



“Es el día del juicio, decían, el fin del mundo está por venir. La cólera divina rebosando se derrama en inundación. ¡Ay de vosotros, pecadores! ¡Ay de vosotros unitarios impíos que os mofáis de la Iglesia, de los santos, y no escucháis con veneración la palabra de los ungidos del Señor!”

El texto en sí, es una metáfora de lo que piensa el autor, sobre su país y su situación social, por tanto propone por medio de una desgracia natural, la sumisión y docilidad del pueblo, impotente ante poderes superiores y con resignación ante su destino, poderes que si comprendieran y si se revelasen ante ellos tal vez pudieran opacar, la naturaleza presentada como un gobierno que aflige a su pueblo, que lo castiga sin razón alguna, y a la gente como sumisos entes que merecen su propio destino por no tratar de levantarse en contra de su subyugación. Es entonces que Echeverría también propone una parte importante del romanticismo, la búsqueda de libertad, porque aunque haya quienes merezcan ser coartados, también existen los héroes anónimos que buscan sentirse libres en medio de las subyugaciones y limitaciones que les imponen.


El Matadero muestra a dos poderes que se ensañan con la ignorancia y la docilidad de un pueblo, por un lado está el gobierno, representado por los abusivos federales, y por otro lado se encuentra la iglesia, siempre acomodada al gobernante máximo de turno. Sin embargo, Echeverría más que hacer una crítica a los poderes mismos, la realiza en contra de los sumisos, el pueblo que es capaz de aceptar cualquier mandato sin inmutarse, que no despierta y condenan a quienes se quitaron la venda y luchan por la valorada libertad.
La libertad coartada no sólo se refleja en el asedio militar por parte del gobierno o por monopolización del poder de algunos pocos, sino que la novela lo expone de tal forma que el lector puede notar la manipulación del pueblo por parte de la iglesia, que empoderándose de las creencias ejerce su poder e impone sus ideas sin que sus seguidores se cuestionen, dado que se supone son la voz de dios, es así que la cuaresma es la excusa perfecta que usan los poderes eclesiástico y gubernamental para que se reduzca el consumo de carne, aunque ellos en sus puestos de poder pueden transgredir las leyes que impusieron a su pueblo, pero la crítica no llega únicamente allí, sino que Echeverría condena la actitud del vulgo que aún sabiendo que sus gobernantes y consejeros espirituales están por encima de cualquier ley, simplemente se excusan diciéndose que ellos si son buenos cristianos, sumergiendo por propia mano cada vez más en una especie de esclavitud, perdiendo la esperanza de libertad.
Ya a mediados de la lectura de El Matadero, Echeverría narra los acontecimientos sucedidos después de acabado el invierno y la posibilidad de sacrificar reses, en donde el autor describe con lujo de detalles la inmundicia en que sumerge el pueblo por conseguir carne. Las personas se impregnan de sangre y barro, de sebo y vísceras, se ven felices entre la inmundicia y los desperdicios, lo importante es conseguir algo de aquellas reses así sean las sobras, esta situación contrasta con la forma en que consiguen la carne los poderosos, llámese el juez del matadero o Restaurador, que obtienen la carne fácilmente y en gran cantidad, además de disfrutarla sin tener que manchar sus ropas con sangre y barro.
En dicha parte de la novela, el autor pretende mostrar a través del matadero, la realidad de Buenos Aires y los sistemas de poder que se regentan en cada lugar de la Argentina gobernada por Rosas, es decir que aquel lugar de inmundicia es una analogía del país, un microcosmos que refleja el macrocosmos. El mismo autor se encarga de recalcarlo con una frase al final de la descripción del matadero y la actividad que allí se lleva, “Simulacro en pequeño era éste del modo bárbaro con que se ventilan en nuestro país las cuestiones y los derechos individuales y sociales”, con ésta frase Echeverría deja en claro que así ve a su país, como aquel matadero inmerso en sangre y personas manchadas de ella.
El microcosmos tiene personajes que se pueden comparar con los personajes típicos de la Argentina de la época, se puede deducir fácilmente que el matadero representa al país, lugar en donde suceden las cosas más atroces frente a todos, en donde se puede encontrar sangrazas secas, y ratas que buscan restos de alimento, es esa la visión que tiene Echeverría de su país, en donde sus habitantes se llenan de la sangre de otros sin sorprenderse, así mismo parecen ratas que se escabullen por miserias que les dejan sus gobernantes.
El juez del matadero se podría comparar con el mismo dictador Rosas, él regenta el poder sobre sus matarifes, es quien impone las leyes sin que se cuestionen, así mismo como lo hacía el gobernante supremo de Argentina, sin embargo también el autor lo compara al juez con el dictador en su forma, es decir lo ve como un hombre que dirige a otros para que hagan el trabajo sucio, para que otras manos se llenen de sangre, como un ser grotesco y tosco que más que saber dirigir, sabe masacrar.
La gente del pueblo, bien pueden ser los federales, quienes son dóciles a las ordenes y mandatos de sus superiores, y de igual forma manchados de sangre, aunque unos sean literalmente y los otros, los federales, de forma figurada; dado que éstos tienen sangre en sus manos por los asesinatos y abusos de poder que llevan a cuestas, además las personas del matadero manejan cuchillos y se ven envueltas en peleas con estos instrumentos que convierten en armas, tal cual como hacían los federales con el pueblo argentino. De esta forma se muestra la visión que tiene Echeverría de Argentina, y lo representa en aquel matadero, la analogía de su país.



Al final de la obra, también hay un trato romántico, precisamente con el unitario, presentado como un personaje ajeno al mundo hostil y sucio que es el matadero, joven apuesto y limpio, va sobre su caballo por encima del resto del vulgo, inmersos en barro sanguinolento y vísceras de animal, alguien que obviamente no encaja, un extraño en aquel inmundo lugar. Es entonces que un Matasiete se encarga de ponerlo a nivel de los otros, tumbándole del caballo y agrediéndole su integridad, le muestra el mundo que niega y contra el cual lucha, sin embargo el unitario se resiste a perder su dignidad, se resiste a ser parte de ese mundo que rechaza por no buscar su libertad e independencia, pero su dignidad es ultrajada, tanto que es torturado y vejado con una mazorca hasta su muerte, la única vía que le permite encontrar la libertad que lo aleja de la inmundicia y degradación de aquel lugar al que no pertenece por ser un ente extraño y de evidente superioridad.

Es así que Echeverría presenta la crítica a la sociedad argentina de la época, desde el pueblo hasta sus gobernantes, presentado lo que no debe ser, para que el lector intuya cual sería un mundo mejor, un mundo romántico sin dictadores y con personas cultas que ven más allá de los dogmas y los paradigmas sociales que subyugan e impiden la libertad.

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