POPOL VUH; LA EVOLUCIÓN DEL HOMBRE

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La cosmogonía de los mayas es toda una compilación de sus creencias, sistemas políticos, económicos y culturales que se forjan a través del tiempo, explicados por mitos  que dejan entrever todo un complejo social estructurado por los nativos del nuevo mundo establecidos en lo que hoy es Guatemala antes de la conquista, y aunque es evidente la influencia cultural y religiosa europea en el texto, pues no hay que olvidar que el libro fue adaptado por el fraile Fray Francisco Ximénez, no es menos cierto que por lo menos una pequeña parte de la civilización Maya puede disfrutarse gracias al Popol Vuh.
El texto pretende mostrar la creación del mundo y del hombre, pero de una manera que se podría encasillar dentro de una especie de materialismo cosmogónico, y es que el Popol Vuh narra la existencia de tres edades en lo que respecta al hombre, una visión primitiva y poco estilizada de la evolución, pero que evidencia que los mayas intuyeron los cambios físicos que sufren las maravillas del universo y que trataron de plasmarlo en sus historias desde su visión mitológica.
Según el Popol Vuh los dioses crean un mundo, con la esperanza de que las criaturas que hicieran para poblarlo pudieran adorarlos como su condición divina así lo exigía, sin embargo sus creaciones no fueron lo que esperaban, y es aquí en donde se puede evidenciar la primera semejanza entre el texto maya y la evolución, y es que los dioses no son infalibles y también cometen errores, lo que hace que su creación sea un experimento que surge por medio de la prueba y el error, algo que la naturaleza ha hecho desde el principio de las cosas. Si se toma como ejemplo “El origen de las especies” de Darwin, al igual que los dioses del Popol Vuh, su propuesta plantea la selección natural como la elección que hace la naturaleza para darle prioridad a las especies mejor adaptadas a sus ambientes y con mejores armas biológicas que le permitan la supervivencia, es decir que si una especie quiere aferrarse a la existencia debe obligatoriamente cambiar para encajar en el mundo que propone nuevas necesidades, y esto sólo es logrado por una maravilla natural que es la memoria genética que adquiere la descendencia de cualquier especie sobre la Tierra, que bien puede darle o quitarle armamento físico para sobrellevar los cambios que surgen con el tiempo, si esto no se hace la especie estaría condenada a la extinción, así que debe probar con sus descendientes sistemas físicos nuevos que si no sirven han de ser cambiados por otros más sofisticados y prácticos, esto es la prueba y error de la naturaleza, situación que funciona de igual manera en el Popol Vuh donde los dioses cometen un primer error y es la creación de animales sin capacidad para agradecerles o adorarlos, repitiéndose así con el hombre de barro y el hombre de madera, versiones fallidas de la humanidad en el mundo imaginado por las deidades mayas, por tanto el hombre tiene que evolucionar para adaptarse a las exigencias de sus dioses.

Estas razones con respecto a la experimentación natural y los errores de los dioses son sólo la punta del iceberg, y es que es muy evidente la visión materialista plasmada en el Popol Vuh que muestra al mundo y al hombre como entes cambiantes y mutables, las divinidades únicamente han intervenido en lo que al hombre se refiere, pero el mundo es dejado a su suerte cambiante, es así que la evolución puede verse en pequeños ejemplos a través de la lectura. Entonces ellos se pusieron de través en su camino, cogieron en un pañuelo a la Rata. Habiéndola cogido le apretaron vivamente la cabeza, queriendo ahogarla. Le quemaron la cola en el fuego; entonces la rata comenzó a llevar así la cola, a no tener pelos en la cola; sus ojos volviéronse saltones porque habían querido ahogarla los engendrados…” en este fragmento se evidencia el cambio que sufre la rata, ya no por la intervención de los dioses originales sino por vicisitudes encontradas casi que por casualidad, entonces al igual que sucede en la evolución, los mayas se imaginan un antes y un después de una especie que muta según necesidades o intervenciones externas, y este no es el único ejemplo, hay otros como el del conejo y el venado donde se explica el origen de características de su físico, se les despojó de la cola mientras huían de la caza de Hunahpú e Ixbalanqué, muy similar a la teoría evolutiva de algunas especies de presa que han perdido sus colas largas y le han dado paso a las pequeñas, para de esta forma tener más probabilidades de escapar de los depredadores quienes por el contrario mantienen colas alargadas para dar dirección a sus cuerpos mientras corren tras su comida; otro ejemplo evolutivo se puede tomar de la versión de la cadena alimenticia narrada en el Popol Vuh, donde el sapo se traga al piojo, la serpiente al sapo y el halcón agarra a la serpiente, es lógico que pensar que los mayas se fijaron en esta secuencia depredadora que evolutivamente tiene su significado, explicado de la forma en que el más fuerte sobrevive o el pez grande se come al chico, es así que las especies carnívoras se transforman en maquinas de perfecta depredación y las presas se estilizan en cuerpos gráciles de difícil captura.
En cuanto al hombre, obra en la que se especializan los dioses por medio de la experiencia, no es muy diferente de la versión evolutiva. En un principio las deidades maya crean a los animales, lerdos sin inteligencia y sin habla, que no eran capaces de reconocer a sus hacedores, idea nada distanciada de la que plantea la visión Darwiniana en donde las especies animales no se diferencian mucho unas de otras en lo que respecta a inteligencia, siempre llevadas sólo por instintos básicos, alimentación y reproducción, una manera práctica de mantener la supervivencia tanto de ellos como de sus descendientes, sin la necesidad de tener conciencia de estos actos, una visión previa a lo que sería el hombre como tal y su reconocimiento de entidades supremas.
La primera creación divina del hombre maya, fue el de barro, una versión humana insulsa y débil que sería destruida luego, tal como la naturaleza hace con especies débiles e inadaptables, este hombre que no se podía sostener, no podía reproducirse, era lógico su desenlace, tal como la evolución juzga a las especies que no pueden reproducirse eficazmente, ella se encarga de dejarlas abandonadas y olvidadas en el tiempo. Su parecido con homínidos antiguos emparentados con el actual hombre, es innegable, pues al igual que la creación de barro de los dioses, los primeros homínidos no podían sostenerse en pie y tenían que estar en cuatro patas y con visión reducida al horizonte peligrando de esta forma su integridad a causa de depredadores, y al igual que el hombre fallido de barro, los primeros homínidos fueron versiones aun no sofisticadas del ser humano que tuvieron que ir desarrollándose para subsistir en un mundo atroz y competitivo, mientras que algunas otras especies fueron consumidas por el tiempo sin dejar rastro. Otro aspecto similar con los primitivos homínidos, es la falta de habla, el  hombre de barro no pronuncia palabra que satisfaga a los dioses, y los más recónditos ancestros humanos no descubrían la importancia del lenguaje para la supervivencia, es más aun no eran gregarios por lo que el lenguaje no se desarrollaría todavía. Estos hombres débiles tampoco podían girar su cabeza, su visión siempre al frente, evolutivamente esto ocurrió en los antepasados humanos que luego de mutaciones y cambios físicos pudieron ver sobre sus hombros y ser alertados eficazmente de sus predadores.


Como segunda prueba los dioses crearon al hombre de madera, una versión que sería mejor que su predecesora y lo más importante, tendría conciencia de sus hacedores, sin embargo esto no fue así, este hombre aunque podía reproducirse, no tenía memoria así que olvidar a sus dioses no sería un problema, este aspecto es importante destacarlo ya que en la evolución del hombre un tema de gran relevancia es precisamente la memoria. Así como el hombre de madera, en los primeros homínidos, ensayos naturales para el desarrollo del hombre, no tenían la capacidad de recordar y mantener en su memoria nuevos eventos que le propusieran en su existencia, si por ejemplo llegaban a llanuras donde habitaban sus depredadores y morían cazados, nunca más recordarían el sitio donde fueron atacados y pasarían todas la veces que fuera sin tener conciencia del peligro de esos territorios, su memoria era a corto plazo y sus actos regidos por instintos grabados a fuerza del tiempo en sus genes, pero como el hombre de madera estos homínidos tuvieron que perecer para dar origen a una siguiente generación más apta para el mundo.
En última instancia las deidades cansadas de no ser reconocidas por sus insulsas creaciones, deciden realizar la obra máxima, creada entre una mezcla de sangre y maíz, este último un gran símbolo para los mayas ya que es su alimento y generador de vida, surge entonces el hombre maíz un ente especial para los dioses, siendo éste quien los recordara y les agradeciera sus favores, un hombre capaz de reproducirse y dejar legado intelectual a sus descendientes, formar comunidades y estratificaciones de poderes. La naturaleza paralela a la historia del Popol Vuh no se queda atrás en su intento por hacer del hombre la obra máxima para perdurar en las condiciones impuestas en la Tierra a lo largo de milenios, en la evolución al igual que en la cosmogonía maya, la sangre es de vital importancia, si en el texto indígena su simbolismo en la creación máxima de los dioses es sumamente relevante, lo mismo ocurre en la selección natural, la sangre representa los recuerdos genéticos de las especies siendo imprescindible tener que ser traspasados a través de la reproducción donde los individuos más sanos y mejor dotados de la naturaleza eran los escogidos para dejar descendencia.
También se pueden notar dos aspectos importantes en la evolución humana y que el texto maya plantea, el lenguaje y el reconocimiento de dios, y es que el ser humano en su difícil y despaciosa evolución desarrolló una de sus herramientas más poderosas y que dieron pie a consagrarlo como una especie superior, el lenguaje, permitiéndole así comunicarse con sus congéneres creando comunidades que se protegían entre sí para superar la etapa de presa de casi cualquier depredador mayor. El segundo aspecto que se plantea en el Popol Vuh es el reconocimiento de dios, lo que sucede de igual forma en la evolución cognitiva del hombre, y es que crea sus dioses para tratar de dar explicación a fenómenos y acontecimientos fuera de su entender, esta creencia en dioses dio pie a crear estructuras sociales sólidas, basadas en costumbres religiosas y políticas, en donde la cadena de mando era encabezada por expertos en situaciones divinas o en elegidos por dioses, casos como el de chamanes o emperadores. Desde sus primeros pasos como homínido, pasando por primates bípedos, homo habilis y el homo erectus, hasta decantar en el homo sapiens sapiens, el cambio fue la pieza clave para que el hombre trascendiera, y los mayas no fueron ajenos a esto, es por tal razón que su visión cosmogónica tiene como eje el cambio constante que permite encajar según las necesidades que exija el mundo.

Ahora bien los aspectos físicos no fue lo único que evolucionó en el hombre y que puede ser visto en el Popol Vuh, sino que también se puede evidenciar la evolución social, política, religiosa y cultural. Si se hace un parangón con los planteamientos de Engels en su escrito “El origen de la familia, la propiedad privada y el estado”, sobre lo que él llamaría época del salvajismo y época de la barbarie, estadios donde el ser humano se encuentra en una etapa primitiva, donde no tenía lenguaje ni sistemas sociales complejos, sólo llevados por sus instintos básicos y de naturaleza nómada, que luego irían evolucionando poco a poco hasta llegar a un punto donde su inteligencia ha crecido lo suficiente para comunicarse y alimentarse ahora de animales grandes, es comparable con las dos primeras creaciones del hombre por parte de las deidades maya, hombres incipientes aun no estilizados ni especializados, que no logran establecerse como seres de importancia, sino que son apenas intermedios entre el génesis humano y la culminación de la obra divina según el Popol Vuh y natural según la evolución.

Ya cuando Engels habla de los orígenes políticos del hombre, se refiere a la familia como el eje principal y ejemplo inicial para lo que vendría en el futuro, en los hogares quien sería la piedra básica y quien impondría una especie de poder en pro de su prole, serían los ancianos, personas con la sabiduría y experiencia suficiente para gobernar sobre sus pequeños clanes, así mismo el respeto se ve reflejado en las historias mayas, donde los creadores son ancianos, simbolizando sabiduría y conocimiento, también son dos ancianos los que ayudarían a los gemelos  Hunahpú e Ixbalanqué a combatir a los señores del inframundo los Xibalbá, la representación del mal. También se puede evidenciar sus sistemas económicos basados en la agricultura al superar la etapa nómada, formando clanes familiares de vital importancia en la sociedad quiché.
Con dichas razones, es importante ver como la civilización maya tiene una visión materialista de su creación, de cómo se dieron cuentan de los cambios lógicos y naturales del mundo y los plasmaron en sus historias, entregando a la humanidad sus ideas de dioses imperfectos y  de la naturaleza cambiante sin su intervención, de dioses que no terminan su trabajo creacionista sino que la ignoran sin más, sólo buscando ser el centro de atención de sus criaturas, estas razones evidencian que los mayas tenían conciencia de lo mutable del mundo y tal vez como diría Darwin, “Parece no haber más propósito en la variabilidad de los seres vivos y en la acción de la selección natural que en la dirección en la que sopla el viento", los quiché notaron que los cambios se dan casi sin ser previstos, sólo continúan imparables, y tal vez adquirieron conciencia de que no se necesita una intervención superior para que algunas cosas fluyan en el universo, así como en la perdida de la cola del conejo no hubo una magia de por medio, sino pequeñas  casualidades, o tal vez sólo se dieron cuenta como lo dicen la palabras del personaje de Ian Malcolm en Jurassic Park; “La vida se abre camino”. 

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