“Coplas por la Muerte de su Padre”

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Análisis

Manrique crea esta obra inspirado en la memoria de su padre, sin embargo su escrito no se centra únicamente en la vida y muerte de don Rodrigo Manrique, la obra se divide en tres partes que se diferencian entre sí en ciertos aspectos, aunque todas se dirijan a un punto en común y orbiten alrededor de la muerte y la vida, y sus influencias religiosas y morales de aquella época.


Primera Parte: Generalidades.

Desde la primera estrofa, Manrique confirma cuál será el centro de sus ideas y hacia que punto serán dirigidas y el lugar donde convergerán, es entonces claro y obvio que hablará de la vida de su antítesis, la muerte.

“Recuerde el alma dormida,
Avive el seso y despierte
Contemplando
Cómo se pasa la vida,
Cómo se viene la muerte
Tan callando…”

Manrique convierte esta anáfora en el pie de apoyo para la continuación de su escrito, es aquí donde plantea el paralelismo entre la vida y la muerte, y de forma implícita recuerda que la vida ha de vivirse ya, ha de vivirse en el momento mismo de la existencia, ya que mientras ella se pasa con cada segundo que acaba, se acerca la muerte, y al decir “tan callando”, nos recuerda que el final no avisa y llega de forma silenciosa y sorpresiva.

El vivir la vida antes de que se estanque en la muerte, es reiterativa en las primeras estrofas, y se puede observar con gran claridad en la estrofa número cinco, donde reencuentran dos metáforas que hablan de ese lapso de tiempo que es la vida, y el final que se espera en la muerte.

“este mundo es el camino
Para el otro que es morada sin pensar:
Más cumple tener buen tino
Para andar esta jornada sin errar
Partimos cuando nacemos,
Andamos cuando vivimos,
Y llegamos
Al tiempo que fenecemos…”

Con la primera metáfora, Manrique parece brindar un consejo y pide “tener buen tino”, es decir transcurrir la vida de tal forma que o se desvíe del blanco y llegue a su fin sin grandes tropiezos.
En la segunda metáfora Manrique describe a la vida como un camino que se transita para llegar siempre a un mismo punto, el final del camino, que es el final de la vida.

En esta primera parte se empieza a vislumbrar el fuerte sentido religioso y moral propio de aquella época medieval, y obviamente no es extraño para Manrique. El poeta hace referencia a Jesús en la sexta estrofa.

“Aun aquel hijo de dios
Para subirnos al cielo descendió…
… y a vivir en este suelo
Donde murió”

El autor además de presentar su tendencia religiosa, nos muestra nuevamente el paralelismo de la vida y muerte, que ni siquiera para el hijo de dios le fue extraña. Manrique cuenta que para la muerte nada está salvo.

Manrique continúa sus estrofas mostrando de forma reflexiva como debe ser vivida la vida, que valores y actitudes se han de tener en cuenta para lograr terminar el camino arduo de la existencia.

Por último el autor cierra esta primera parte hablando de todo lo que la vejez se lleva sin poder ser detenida, apoderándose de la belleza, juventud y cosas materiales que se destruyen bajo el peso del tiempo, y se olvidan bajo el poder incontenible de la muerte.


“Decidme: la hermosura,
La gentil frescura y tez
De la cara
El color y la blancura,
Cuando viene la vejez,
¿Cuál se para?...”

Con esta pregunta retórica, Manrique parece sentenciar que bajo el poder del tiempo nada queda erecto, que todo es superado que nada es eterno en el mundo de la materia. Esto mismo lo evidencia en una novena estrofa, pero ya no hablando de lo físico y corporal, sino de las posesiones.

“Los estados y riqueza
Que nos dejan a deshora
¿Quién lo duda?
No les pidamos firmeza,
Pues son de una señora que se muda…”

Aquí Manrique hace referencia a una verdad universal, que toda riqueza es nada al ser multiplicada por el cero que es la muerte, y con su metáfora lo reafirma, pues sabe que toda posesión es efímera y que al igual que la señora que se muda, éstas se Esfuman.

Segunda parte: Personas Importantes

Manrique inicia esta parte realizando preguntas retóricas, preguntas sin respuestas. Preguntando por personajes importantes de la época, como interrogando su paradero, ya que al igual que las riquezas y la juventud se entierran con el tiempo.

“¿Qué se hizo el rey don Juan?...
…¿Qué fue de tanto galán,
Qué fue de tanta intención
Como trajeron?...
…¿Qué se hicieron las llamas
De los fuegos encendidos
De amadores?...”


El poeta plasma los ires y venires de la vida poniendo como ejemplo al personaje histórico don Enrique, y nuevamente muestra a través de él, lo efímero de las posesiones y el poder avasallante de la muerte.
Toma como ejemplo la vida de lujos y confort de don Enrique, que por más que fueran en un instante su gloria, fueron arrebatadas tristemente.

“…don Enrique, ¡Qué poderes
Alcanzaba!
¡ Cuán blando, cuan halagüeño
El mundo con sus placeres
Se le daba!
Más verás cuán enemigo,
Cuán contrario, cuan cruel
Se le mostró:
Habiéndole sido amigo,
¡cuán poco duró con él
Lo que le dio!

En esta metáfora Manrique habla de cómo las cosas pueden llegar e irse de fácil manera, pero más que eso hace referencia a que la vida no es lo que se tiene, ni cuanto se posee, es mucho más, y tantas cosas materiales, igual no son más que poder limitado para el tiempo.

Manrique continúa con referencias a la nobleza y a las riquezas de su época, pero termina esta segunda parte con una referencia a la muerte, dedicándole toda una estrofa.

“las huestes innumerables,
Los pendones, estandartes
Y banderas,
Los castillos impugnables
Los muros y baluartes
Y barreras.
La cava onda, chapada
O cualquier otro reparo
¿Qué aprovecha?
Que si tu vienes airada
Todo lo pasas de claro
Con tu flecha”.

Aunque no sea explícito, es clara la presencia de la muerte en esta estrofa, y Manrique vuelve a la que parece su idea principal, y es dejar claro el paralelismo entre vida y muerte, la vida es sólo el camino y la muerte, el fin de dicho trecho, por lo que cualquier cosa sea lo que sea, por muy poderosa que parezca, se inclinará ante el tiempo y la muerte misma, ni reyes, ni castillos, ni riqueza, ella no repara ni en edad, ni en condición social, es inevitable que nos sorprenda con su presencia.


Tercera Parte: don Rodrigo Manrique

Manrique muestra con esta última parte el profundo respeto que siente por su padre don Rodrigo Manrique, y lo evidencia desde el primer verso de la estrofa veintiocho, “aquel de buenos abrigo…” y sigue la estrofa con epítetos que describen a su padre como una persona amada y respetada por todos quienes lo rodeaban, amigos, familia, empleados, y lo muestra como poseedor de grandes virtudes morales, aunque implacable con sus enemigos.

“…amado por virtuoso
De la gente,
El maestre don Rodrigo
Manrique, tanto famoso
Y tan valiente…”

Es importante observar que Manrique exalta de manera grandilocuente a su padre, y llega a compararlo con personajes magnos y héroes del pasado, como atribuyéndole las virtudes que estos poseían.

“En ventura Octaviano:
Julio César en vencer
Y batallar:
En la virtud, Africano;
Aníbal en el saber
Y trabajar…”

Esta tal vez es la forma que halló Manrique para describir las virtudes de su fallecido padre, y así hacerlo ver como lo que él pensaba y sentía que era, una persona llena de aspectos valiosos.

Es claro que Manrique no parece sufrir ni llorar la muerte de su padre, al menos eso no se percibe a través de sus coplas, parece más bien orgulloso por quien fuera su padre en vida, y seguro que después de la muerte llegaría para su progenitor algo que va más allá de la misma vida, y que por virtud su padre ya habría logrado.

Manrique no olvida su idea de vida y muerte, y vuelve a plasmarla al mostrar el paralelo entre la vida vivida por su padre y la muerte que le llega. El autor marca la línea entre vida y muerte, sin dejar de honrar y enaltecer la memoria de padre, es tanto así que no sólo lo describe como persona de grandes virtudes en vida, sino que lo sigue mostrando como tal aun cuando la muerte se le presenta, tanto así que Manrique da la vocería de sus coplas a la muerte y esta tal como lo hiciera el autor trata de manera respetuosa a don Rodrigo Manrique.

“diciendo: “buen caballero,
Dejad el mundo engañoso
Y su halago…”

Es así como trata la muerte a don Rodrigo Manrique, en un tono respetuoso, tal vez su hijo quería hacernos saber que aunque su progenitor halla muerto, nunca perdió sus valiosas virtudes, y lo evidencia en una metáfora lanzada por la misma muerte.

“…Vuestro corazón de acero,
Muestre su esfuerzo famoso
En este trago…”

Aun para la muerte no es extraño la valentía famosa de don Rodrigo, y usa esta metáfora para avisar que la vida se le ha agotado y es momento de trascender a otro instante, a otra existencia.

Manrique termina sus coplas con una oración donde se evidencia los estrechos lazos religiosos típicos del medioevo, y como ya lo hiciera en estrofas anteriores, realiza nuevamente una referencia a Jesús.

Ya al final de su escrito, deja una metáfora muy diciente, que fusiona vida y muerte como tema central de sus ideas.

“…dio el alma a quien se la dio…”

Es como mostrar el instante de la muerte de su padre, pero también mostrar la vida virtuosa que tuvo, “dio el alma” esta frase parece traducir toda una vida dedicada a su dios, una vida de grandes logros, “a quien se la dio”, es obvio que Manrique sabe a quien se la dio, a su dios, a quien siempre tuvo presente, por quien luchó, más allá de haber luchado en nombre de su rey.



Vida, Muerte y Brevedad de las
Cosas Humanas


Manrique plantea con sus coplas un paralelismo muy visible entre vida y muerte, obviamente con su visión personal y sus influencias religiosas muy arraigadas.
Al empezar a leer las coplas se pueden entender los rasgos medievales, rasgos que denotan fe, la forma en que se ve a dios y la manera en que se percibe la vida y muerte. El autor que en principio muestra la vida como camino y la muerte como el fin del mismo, parece trascender a un nuevo concepto, o tal vez introduce de a poco a una visión más espiritual de las cosas, ya la muerte no es el final del trecho, es el principio de una nueva existencia.

Para Manrique las cosas humanas, son efímeras, es únicamente un lapso de tiempo enmarcado por el nacimiento y el fallecimiento, un instante que transcurre y luego es olvidado y sepultado bajo el peso del tiempo, que a su vez es seguido por la muerte. No hay cosa en el mundo que se resista al deterioro y a la decadencia, todo tiene un ciclo y nada puede durar más de lo debido, al menos en el mundo humano de las cosas, porque si bien es cierto que para Manrique el tiempo y la muerte se llevan todo, no es menos cierto que gracias a sus influencias religiosas, cree en una vida después del instante que es la muerte, esto se puede deducir por como trata Manrique el tema vida-muerte, ya que según su sentir y pensar, dependiendo de cómo sea el comportamiento humano en el tiempo efímero de la vida, así mismo se le retribuirá luego de traspasar la línea de la muerte.

Es entonces que se puede decir que todas las partes en que dividió sus coplas, se dirigen a un punto en común, más allá del simple hecho de honrar a su padre, y es que pretende mostrar el paralelismo entre la vida y la muerte, y si se quiere ir más allá es una reflexión sobre el vivir mismo, y aunque sean pensamientos medievales intoxicados por el ánimo religioso, aún es un consejo de vida y de cómo vivirla, sin temer la sorpresiva y silenciosa muerte.

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